JULIAN SE ENCUENTRA CON HARUKI

Sin saber con exactitud a quien dirigirme o que hacer. ¿Cabría asimilar dicha situación a la que se percibe cuando nos quedamos mirando desde el andén a un tren que se aleja?. La mala suerte viste toda de negro y disfruta de un buen humor envidiable, le importa un comino la enorme muchedumbre de insatisfechos que anda siempre quejándose de ella, pasa del tema. Y... no; no tiene ninguna conciencia de resultar antipática, de sembrar la frustración, de no ser ecuánime. Al revés, se ve monísima cuando se planta frente a los espejos, y al recapacitar sobre sus comportamientos -algo que suele hacer de vez en cuando- rara es la vez que encuentra algo de lo que arrepentirse. No acostumbra a errar.

La mala suerte elude, por una cuestión de estética, el amarillo, el rojo, el azul o el resto de los colores que necesitan de la luz para evidenciar su apariencia. Le gusta el negro. Ir siempre de negro y pasar desapercibida en la noche. Ser ejemplo de sobriedad durante el día. El empaque. La elegancia.

Recién acabo de prender un cigarro cuando una mujer se queda de pie, a mi lado, y me pide fuego. Es joven y va toda vestida de negro, pero no es gótica ni siniestra ni nada que se le parezca. Lleva un traje de chaqueta de corte recto, medias lisas sin dibujo, con una única costura que recorre longitudinalmente el dorso de sus piernas, y zapatos de tacón de aguja rematados en punta. Al acercar el cigarrillo a la llama del bic, alcanzo a verla, gracias al escote de su camisa, las blondas del sujetador. También es negro. Y los cristales de sus gafas de sol, igual.

-"¿Qué es lo que estás leyendo?", me pregunta ella en referencia al libro de Murakami que me he visto obligado a cerrar apresuradamente para poder darle lumbre.

-"A Murakami". Le contesto. "Al sur de la frontera, al oeste del sol", le confirmo a renglón seguido posando en la portada de la novela las yemas de los dedos de mi mano derecha.

-"¿Y está bien?" me plantea ella acerca de lo de adentro.

-"Sí, está bastante bien, es ameno. Pero Murakami resulta un poco frustrante. Te va atrapando con una serie de enigmas, bastante bien traidos, cuya solución no llega a desvelar luego".

-"O sea ¿que el libro se acaba sin que tú llegues a enterarte de un montón de cosas interesantes?".

-"Justo. Eso es lo que hace Murakami. Te habla de un montón de cosas interesantes que no llega a aclarar después".

-"Sí, eso es algo que en el cine pasa a menudo. Películas buenas con un final que te decepciona".

-"Los finales son siempre difíciles de resolver".

-"¿Lo estás diciendo por el rollo de las despedidas, de las parejas y todas esas tontunas...?".

-"No, no. Me estoy refiriendo única y exclusivamente a como rematar bien una historia, me da igual que sea una película o una novela, basta con que sea una historia de ficción. A mi juicio es sumamente difícil dar con un final redondo que remate del todo la trama. Ya lo ves, casi todos los escritores terminan haciendo uso de los desenlaces abiertos" le aseguro a la mujer, firmemente convencido de mis palabras.

-"Y eso.. no está bien.. según tú..." deduce ella.

-".. es algo -dijéramos- parecido a hacer trampas". Vuelvo a mostrarme crítico con ocasión de juzgar a los novelistas que resultan incapaces ponerles fin a sus fábulas sin haberse dejado por el camino una ristra de cabos sueltos.

-"No sé. Bueeeno.. gracias, adiós... gracias".

Ella le da una calada al pitillo antes de regresar a su sitio. Yo vuelvo a abrir el libro. Unos débiles rayos de sol pugnan por colarse en el local abriéndose paso entre las botellas de ron y los letreros animando a su consumo presentes en el escaparate de la fachada. La "happy hour" da comienzo a las siete y media y termina a las ocho y media.

Me termino la cerveza y el capítulo.

Al marcharme, paso por su lado camino de la puerta. No se ha quitado ni un solo instante las gafas de sol. La miro a la cara, esbozo una sonrisa amistosa y la saludo con un comedido movimiento de la mano libre; en la otra -ya lo saben- llevo agarrada una historia de Murakami. Ella permanece impertérrita, como si no me hubiese visto. Continua aguardando. Esperando....

¿Y si en realidad no fuese ciega? me pregunto. Y mi confusión es total.